sábado, 9 de octubre de 2010

Cuando fui ya no estaba, se había ido. Ni blanco ni negro, transparente. Deseaba que apareciera de golpe en un rincón como diciendo "era broma, jódete". Pero el hecho es que me jodía igual. Me jodía ver como la gente evoluciona, como la gente va de un sitio a otro pensando que a la gente no le importa lo que hagan o dejen de hacer.

Tipo samurai pero en bonito, habrá que buscarle substituto.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Aparecía él. Ni el mar ni la playa ni él. Y salían los temores de siempre, los temores que me hacían pequeña. Como siempre era un momento tenso, un momento difícil y sabía que era de las pocas personas que me podía comprender.

La costumbre, ese gran conocido que mejor no conocer. La no costumbre eso que te hace desconfiar. Ya no te extraño, ya no me haces daño. Eso es.

Y al contacto con la realidad, todo seguía igual. Sangre y muertes.

sábado, 11 de septiembre de 2010

El día de la despedida.

De esta playa de mi vida, te hize una promesa. Y hoy la he cumplido sin querer, sin idealizar el momento, sin prisa, con espontanedad.

Nuestras miradas se cruzaban en un mar de gente. Me sonreías. Te sonreía. No sabiamos donde escondernos. Todo había llegado a su fin, nadie sabia que hacer ni que decir. Nos acercabamos.

Volverte a ver así.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Cuando abrí los ojos seguías allí. Toqué tu piel y jugué con ella. Dormí, otra vez, cinco minutos. Y al abrir los ojos seguías allí, aún no habías desvanecido, seguías siendo real en todos sitios. Hasta en mi mente.

Desperté una semana después y no sabía nada. Sonaba todo como un sueño demasiado lejano, sonaba todo demasiado bonito a la vez que demasiado intimo.

sábado, 21 de agosto de 2010

Me miraste y me hiciste sentir especial. Te sonreí. Hiciste ver que eras tímido.

Te sentaste y me ignoraste. Me senté a tu lado y saqué una camara. Me agarraste el hombro, te acercaste a mi cara. Apreté el botón para capturar la instantánea.

Te desvaneciste y ya era de día.

viernes, 13 de agosto de 2010

Parecía normal. Pero al oír su voz me enamoré. Recordé un sueño en el que me llevaban en brazos, un sueño en el que me perdía en una piscina. Y empecé a imaginar mi vida perfecta, nuestra vida perfecta.

-No lo volverás a ver.

Iba rápido, veloz, no le oía la voz. Ya no parecía normal, era especial. Le habían dado ese don que hace que te vuelvas loca. -¡Mira!-. Y el se fija en ti, y sientes vergüenza, y te quieres morir. Pero sonríes. Es la segunda vez que hoy desafías las leyes de la casualidad.


sábado, 7 de agosto de 2010

Al ver tu cicatriz un escalofío recorrió mi cuerpo. No era la primera cicatriz de ese tamaño que veía, pero supongo que la historia que me resumiste en medio minuto me impactó.

Guardo todos esos detalles en mi bolsillo. El chico que va de blanco, el chico con la camisa de rayas. La chica que llora mientras aguanta el volante.

Espero a que me llegue una señal. Pero no llega, o quizá sí. Pero tampoco las sé interpretar.