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domingo, 19 de septiembre de 2010

Aparecía él. Ni el mar ni la playa ni él. Y salían los temores de siempre, los temores que me hacían pequeña. Como siempre era un momento tenso, un momento difícil y sabía que era de las pocas personas que me podía comprender.

La costumbre, ese gran conocido que mejor no conocer. La no costumbre eso que te hace desconfiar. Ya no te extraño, ya no me haces daño. Eso es.

Y al contacto con la realidad, todo seguía igual. Sangre y muertes.

jueves, 8 de julio de 2010

Quisiera desnudar tu pensamiento y lograr entenderlo. Se acabaron las noches y las tardes vacías pensando en ti. Pero no debo, no puedo, ni sé ya lo que quiero.Y ahora es todo tan fácil, tan simple que hasta da miedo. Que hasta parece mentira que me resultara tan difícil comprenderlo. Estás sola pequeña, tu con tus sueños. Y sé que no te quiero y ya sé que no debía ni podía. Porque no eras para mí, no ahora, no en un pasado, no en un futuro. Quisiera que ya fuese mañana, y saber si me besaste. Nunca me había obsesionado tanto en saber el futuro como cuando te veía, en saber que pasaría, en las mariposas en el estómago y esas cosas. En matar las mariposas con tila. Y cuando estoy a tres segundos de rozarme con tus labios,no lo hago porqué sé que no es lo correcto, porqué despierto de mi sueño idílico, porqué sería demasiado egoísta hacerlo. Porqué sigues a mi lado, ahora que todos se han ido, ahora que ya he despertado. Ahora que ya no hay nieve ni arena y solo queda el calor, ahora que creo que no voy a renunciar a nada más.

Me gustó aquel helado de vainillachocolate entre vodkas y parecidos, me gustó aquel intento de huida que acabó donde todo el mundo. Me gustaron mis universos infinitos inventados, me gusto el tacto de tu piel y tus palabras inventadas.

Porqué la verdad es que
tantas cosas sucedieron, sólo yo las puede ver. Todo estaba en mi cabeza, en mi perfecta vida paralela montada en mi cabeza. Y a veces Eran las seis y tú aún me hablabas. Y eso estaba bien porqué me tranquilizabas. Y todo con un paraguas lila, y la imagen de la parada del autobús, la imagen del abrigo que nunca me diste y de la mano que nunca llegué a agarrar.

lunes, 21 de junio de 2010

Allí estabas tú, en una repisa. No hacías nada, solo existías en ese rincón. Me perseguían, me hablaban, lloraba, chillaba, corría. Y allí seguías tú. Y me venía a la cabeza que tu eras mi única salvación. Me daba cuenta de que si ahora lo hacía no significaría nada para mi.

Y te besaba. Y tus labios eran secos, y tenían un gusto raro. No puedo decir que no me gustara, era diferente. Y como siempre imaginaba, si yo daba el paso, tu lo darías. Pero yo no estaba dando el paso, estaba huyendo.

domingo, 2 de mayo de 2010

montserrat.

Al subir la montaña quedábamos agotados, exhaustos. El uno al lado del otro, a un centímetro. Y me besabas, como una estrella fugaz, un visto y no visto. Y me despertaba al día siguiente, sin saber si eso había ocurrido o había sido producto de mi imaginación.

Y de golpe eras tan real, allí, en la puerta de mi casa. Y no sabía si podía besarte, o no. No sabía las reglas de mis sueños. Pero te besaba, arriesgando, con el miedo a perderte para siempre, con el miedo a que te fueras corriendo y no volvieras más.

Pero no te ibas, al contrario. Te acercabas a mí, y me tocabas como nunca nadie lo había hecho. Dulcemente, con pasión y con esos ojos... Con miedo, con ternura. Con el miedo a equivocarnos, eso es. Y me mirabas, y me decías que lo único que importaba era que a partir de ahora haríamos cosas que nunca habíamos imaginado, que no te importaba no ser el primero.