sábado, 24 de julio de 2010

-Bésame-pensé.Y me besó. No era un beso dulce, ni mucho menos. Tampoco era el beso que siempre había esperado, distaba mucho de eso. Pero era el adequado para el momento. - hazme tuya, arañame, muerdeme-. Seguí pensando.

Entre wrongs vodkas y substancias de acompañamiento me sentía bien. Era un estado entre euforia y lujuria, o quizá una mezcla extraña de las dos. En un ataque de lucidez arranqué algo de su camiseta, algo para poder recordarlo, algo para poder llevarme conmigo ese momento, algo que al día siguiente me hiciera ver que eso era real, que no me lo había inventado en una de mis múltiples noches de sueños irreales.

Pero desperté a la mañana siguiente y no había nada, ni nadie. No había ni siquiera un nombre, ni un recuerdo de su cara. Me acordaba del sentimiento que me dejó, podía ver los moretones en mi cuello. Pero nada más. Había desvanecido. Sin un nombre, sin un apodo, tan solo con la etiqueta.

3 comentarios:

  1. Qué bonita entrada! Cuantas veces hemos deseado q esos sueños fueran reales!
    Besos.

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